sísmico
en otro tiempo hubiera hecho un drama de esto
aunque lo cierto es que sólo es una ausencia
y eso es lo que lo jode todo
porque el corte en las venas se cerrará algún día
por ahora apenas notas el fluir de la sangre
tus brazos muestran un mapa
de rastros geológicos que no conocías
y que no van a desaparecer
sólo sientes la incisión el desgarro inicial
después es un volcán erupcionando lava
lentamente
al rato es verano y uno es niño
y se inventa juegos estúpidos
porque a esa edad todo es estúpido
y sencillo y trágico y noble y mágico
y posible al mismo tiempo
esa es la puta verdad
que somos todo cuando somos niños
después uno piensa que ha de elegir
con qué quedarse y qué descartar
entierra esos desgarros que afean
su geografía emocional
se baja las mangas hasta tapar bien las muñecas
y destierra los nombres y las venas de los que amó
cuando ya no era tan niño
y la persona que fue sólo es eso
una ausencia
a veces te pillan a tiempo
te dicen que has tenido suerte
y la vida sigue bajo las mangas
y ya no sabes a quién querer
los días dejan de ser mágicos y estúpidos
pasan a ser ceniza
pero ya sólo valen los polvos sísmicos
un sentir sísmico
un temblor bajo la piel y las palabras
no volver a vivir nunca en paz
y esto sí que no tiene vuelta atrás
como tú veas, amor
no me tomes demasiado en serio
si te pido que te quedes
mientras te busco en tu blusa
que tiene siempre tantos botones
ni le des importancia si al besarte
huelo a hierba y a caballo
o si me notas un pálpito distinto
en la boca del estómago
como si huyera colina abajo
y recién llegara a ti húmedo y sin brida
permíteme quitarte el sostén
tan prieto
y llenar las rayas de la mano
pero no me hagas caso si me sabe la piel a sal
y te pido un galope sin camisa ni blusa
si me arranco las riendas
y te invito a este sol nórdico de verano
no me lo tengas en cuenta si se me escapa
un párrafo por entre las piernas
lo mío nunca han sido los argumentos
y el orden sintáctico
se me desparrama entre tu ropa
para qué hablar de tierras lejanas
en las que nunca estuve o tal vez sí estuve
cuando aún no sabía cómo desabotonar
tu olor ni ordenar tus sílabas
sólo quiero desatar este lenguaje un poco animal
vernos como somos a ras de piel
echar un polvo sin espuelas
seguramente ya sabes todo esto
o sea que por mí pasamos de metáforas
y dejamos en paz al caballo
aunque sea sólo esta vez
llegada inminente
el tipo de la chaqueta gris enciende
otro cigarro
es el tercero que echa
a pesar de que está prohibido
recorre el andén una y otra vez
mirando a los lados
atento a los trenes que paran
le gusta pensar que ese alguien
a quien espera
también le busca
que anticipa un olor común
en la habitación del hotel
aunque ambos sepan
que está prohibido
avionetas
me dejas mensajes sin terminar
en los bolsillos
que yo guardo y a veces
busco en un semáforo en rojo y
se me cae el café
en el asiento del coche
mis pensamientos desaparecen
en la tapicería llena de manchas
pero así son las cosas
jeroglíficos en los que no hay misterios
todo es obvio y salvaje
la vida llena de manchas
ahora escribo notas
de citas que no van a suceder
y que reparto descuidadamente
por las esquinas
he convertido esta ciudad
en un aeropuerto de aviones de papel
de labios buscando chocarse entre sí
de nuevo accidentes y tragedias
ojalá algún misterio
las noches se reducen a palabras
a punto de decirse
obvias y salvajes
a futuros que casi sucedieron
a calles donde olvidarte y encontrarte
una y otra vez
a esa señal de tráfico inevitable
que hay que mirar
aunque sea para saltársela
© All rights reserved Miguel Rodríguez Otero
Miguel Rodríguez Otero es autor de la colección de relato breve La Mujer que Huele a Café y de El Lugar del Norte (Ediciones Erradícame), y sus poemas aparecen en Irreverentes y Nagari.