Adventum Floridana: Presenciando las Capas de un Horizonte que se Desvanece.
Texto curatorial de Sophie Bonet Head Curator at The Frank Gallery in Pembroke Pines.
Los paisajes, en su forma más profunda, no son meras representaciones de la naturaleza; son archivos vivientes—capas de historia, memoria e impacto humano. En Adventum Floridana, los lienzos de Andrés Cabrera-García funcionan como mapas y al mismo tiempo como un espacio proclive a meditaciones, invitándonos a una experiencia que compromete nuestro ser por completo. Inspirándose en la fenomenología de la percepción de Maurice Merleau-Ponty, la cual enfatiza nuestra conexión profunda con el mundo que nos rodea, esta exposición revela que nuestra interacción con el entorno es una experiencia rica y encarnada. En este contexto, cada pincelada y cada fragmento de escombro recuperado son testimonio de la compleja relación entre memoria, materialidad e identidad cultural.
En el corazón del trabajo de Cabrera yace la paradoja de la creación en medio de la destrucción. Sus paisajes no son vistas idílicas, sino escenarios de una negociación constante entre lo natural y lo construido por el hombre. Su proceso artístico—observar el caos sin adornos de los sitios en desarrollo urbano, los restos crudos de la modernización—transforma lo que inicialmente podría parecer poco atractivo en arte que palpita con vida. Cada pintura es el registro de un instante fugaz, un momento impregnado del aire húmedo del sur de Florida, interrumpido por el zumbido disonante de las máquinas y bañado en una luz brutal y hermosa a la vez. Nos recuerda que la percepción no es una simple observación pasiva; es una inmersión sensorial activa en la que el observador y lo observado son inseparables.
Este acto de presenciar se alinea con la idea de Merleau-Ponty de que nuestro cuerpo es nuestro principal medio de relación con el mundo. El políptico monumental de Cabrera, Platonic Ridge (2024), es más que un conjunto de paneles; es un umbral fenomenológico. Su estructura fragmentada pero unificada refleja la interconexión entre memoria y percepción, invitando al espectador a recorrer un terreno en capas que evoca la antigua Atlantic Coastal Ridge de Florida. Elevándose aproximadamente 20 pies sobre el nivel del mar durante más de 15,000 años, esta formación geológica posee un profundo significado paleoindio e indígena. Antiguamente un punto de referencia natural y cultural, su legado ha sido revelado a través de hallazgos arqueológicos que van desde antiguos terrenos de caza hasta sitios de enterramiento, encapsulando una historia de transformación humana y natural que sigue resonando en la obra de Cabrera.
La exposición amplía su narrativa con objetos encontrados—escombros de construcción y restos—que actúan como signos arqueológicos. Estos fragmentos ilustran el conflicto continuo entre la naturaleza y la urbanización, representando tanto la influencia humana como la evidencia del proceso creativo de Cabrera. Nos invitan a cuestionar los límites entre el arte y la vida, al tiempo que contribuyen a su propio archivo personal de tiempo y lugar.
Los paisajes de Cabrera encarnan tanto la pérdida como la renovación. Sus lienzos capturan la inquietante belleza de la transformación en el sur de Florida, una región donde los hábitats naturales son sistemáticamente desmantelados y reconfigurados. Sin embargo, en medio del lamento por la desaparición ecológica, se percibe un palpable sentido de resiliencia. La interacción entre colores vibrantes y estructuras imponentes sugiere que, incluso en la destrucción, hay potencial para la regeneración. Su trabajo documenta la naturaleza efímera de nuestro entorno, ofreciendo al mismo tiempo una esperanza de futuro recuperada a través de la memoria y la creación consciente.
Desde una perspectiva antropológica, los paisajes reflejan la identidad territorial. Arraigado en su herencia cubana y reinterpretado en el contexto del sur de Florida, el trabajo de Cabrera-Garcia teje un diálogo entre el pasado y el presente. Inspirado en sus experiencias en Remedios, Cuba—un pequeño pueblo colonial donde la naturaleza es omnipresente y las formaciones marinas antiguas aún moldean la tierra—Cabrera-Garcia explora los contrastes y conexiones entre su entorno natal y la rápida urbanización del sur de Florida. Mientras que Florida se define por su incesante desarrollo humano, su tierra natal conserva un carácter natural más perdurable. Sin embargo, en ambos lugares, es la luz tropical—una presencia evocadora y atmosférica, reminiscente del trabajo de pintores como Leopoldo Romañach—lo que une estas geografías diversas, revelando una esencia compartida que alguna vez conectó ambas tierras.
Adventum Floridana es un acto deliberado de presenciar—un viaje que nos reconecta con nuestra experiencia encarnada. Aquí, el arte se convierte en un archivo viviente que preserva no solo los vestigios tangibles de un horizonte que desaparece, sino también las cualidades efímeras de la existencia. Recorremos territorios donde el tiempo, la memoria y la influencia humana se entrelazan en un rico tapiz de memoria cultural, instándonos a reflexionar sobre lo que perdura cuando el concreto da paso a lo transitorio. La obra de Cabrera-Gracia nos presenta una narrativa poderosa de pérdida y resiliencia, invitándonos a observar con mayor atención, sentir con más profundidad y descubrir que, en cada acto de deterioro, yace el sutil germen de la creación. Incluso en la destrucción, la belleza y la memoria persisten, ofreciendo una silenciosa promesa de renovación.
Las fotos son de la autoría de: Francesco Casale.
Adventum Floridana: Witnessing the Layers of a Vanishing Horizon
Curated by Sophie Bonet
Landscapes, in their most profound form, are not just representations of nature; they serve as living archives—layers of history, memory, and human impact. In Adventum Floridana, Andrés Cabrera-García’s canvases act as both maps and meditations, inviting us into an experience that engages our entire being. Drawing inspiration from Maurice Merleau-Ponty’s phenomenology of perception, which highlights our deep connection with the world around us, this exhibition reveals that our interaction with it is a rich, embodied experience. In this context, every brushstroke and each piece of reclaimed debris stands as a testament to the complex relationship between memory, materiality, and cultural identity.
At the heart of Cabrera’s work lies the paradox of creation amid destruction. His landscapes are not idyllic vistas but are born from the ongoing negotiation between the natural and the human-made. The artist’s process—observing the unadorned chaos of urban developing sites, the raw remains of modernization—transmutes what is initially unappealing into art that pulses with life. Each painting is a record of a fleeting moment—a moment steeped in the humid air of South Florida, interrupted by the dissonant hum of machines, and illuminated by a light both brutal and beautiful—reminding us that perception is not passive observation; it is an active, sensory immersion where the observer is inseparable from the observed.
This act of witnessing aligns with Merleau-Ponty’s idea that our bodies are our primary means of engaging with the world. Cabrera’s monumental polyptych, Platonic Ridge (2024), is more than an assemblage of panels—it is a phenomenological threshold. Its fragmented yet unified structure mirrors the intertwined nature of memory and perception, inviting viewers to traverse a layered terrain echoing the ancient Atlantic Coastal Ridge of Florida. Standing roughly 20 feet above sea level for over 15,000 years, this ancient feature bears deep Paleo-Indian and indigenous significance. Once a natural landmark and cultural waypoint—its legacy revealed through archaeological finds from prehistoric hunting grounds to burial sites—it encapsulates a history of human and natural transformation that continues to resonate in Cabrera’s work. The exhibition extends its narrative with found objects—construction debris and remnants—that act as archaeological signifiers. These fragments illustrate the ongoing conflict between nature and urbanization, representing both human influence and evidence of Cabrera’s creative journey. They invite us to question the boundaries between art and life while contributing to his personal archive of time and place. Cabrera’s landscapes embody both loss and renewal. His canvases capture the unsettling beauty of transformation in South Florida, a region where natural habitats are systematically dismantled and reassembled. Yet, amid the sorrow of ecological erasure, there is a palpable sense of resilience. The interplay of vivid colors and stark structures suggests that even in destruction, there is potential for regeneration. His work documents the ephemeral nature of our environment while offering hope for a future reclaimed through memory and mindful creation. Anthropologically, landscapes reflect locational identity. Rooted in his Cuban heritage and reimagined against modern Florida, Cabrera’s work weaves a dialogue between past and present. Drawing on his experiences in Remedios, Cuba—a small colonial town where nature is ever-present and ancient marine formations still shape the land—Cabrera explores the contrasts and connections between his native environment and the rapid urban transformation in South Florida. While South Florida is characterized by relentless human development, his homeland retains a more enduring natural quality. However, in both locations, it is the tropical light—an evocative and atmospheric presence reminiscent of the work of painters like Leopoldo Romañach—that unites these diverse geographies, revealing a shared essence that once connected both lands. Adventum Floridana is a deliberate act of bearing witness—a journey that reconnects us with our embodied experience. Here, art becomes a living archive that preserves not only the tangible remnants of a vanishing horizon but also the ephemeral qualities of existence. We traverse terrains where time, memory, and human influence intertwine into a rich tapestry of cultural remembrance, urging us to reflect on what endures when the concrete gives way to the transient. Cabrera’s work presents a compelling narrative of loss and resilience, inviting us to look closer, feel deeper, and discover that within every act of decay lies the quiet genesis of creation. Even amid destruction, beauty and memory persist, offering a subtle promise of renewal.